Tener a Vinicius en el Castilla es comerse el jamón con melón o comprarle un Ferrari a un quinceañero. El responsable de ese desperdicio es Lopetegui, que le está cocinando con los chicos de Solari y que desde luego tiene más datos e información para tomar la decisión que quienes no la entienden, en apariencia la mayoría del madridismo.

No obstante, Vinicius, que no conocería el nombre de más de cinco compañeros la primera vez que jugó con el filial blanco, se ha acoplado a la situación. Si hace meses empezaba a despuntar en la Libertadores, una de las competiciones más duras del fútbol, hoy hace lo mismo en Segunda B. Empezó apático y sin gol, pero pronto se fue soltando y ya suma tres tantos en tres partidos.

Dos convocatorias con el primer equipo

En su primera aparición, ante Las Palmas Atlético, dejó una pincelada. En la segunda, en el miniderbi, firmó su primera gran obra de madridista con una fina definición y un misil a la escuadra. En la tercera, este domingo, tiró de inteligencia con una falta por abajo que coló por el palo del portero y se inventó la jugada de la jornada: la cogió en el centro del campo, burló a tres defensas, tumbó dos veces al meta y, cuando se buscaban adjetivos que hicieran justicia al golazo inminente, chutó al larguero.

La actuación ha sido curativa y contraproducente a la vez. Por un lado ha hecho de analgésico tras el empate del sábado, que no es poco para un domingo, pero por otro ha echado sal en la herida de ese tropiezo en San Mamés, adonde Vinicius ni viajó. Gustó en pretemporada y lo está haciendo en Segunda B, donde entre patadas siempre acaba asomando su talento, aún insuficiente para que Lopetegui, que sólo le convocó en la Supercopa de Europa y ante el Getafe, le ascienda. Así que la pregunta sigue sin respuesta: ¿cuándo va a debutar el chico de los 18 años y los 45 millones al que tanto se espera?