Bale es de cristal, de un cristal caro y de primerísima clase, pero de cristal al fin y al cabo. Esa dualidad tan polarizada, lo mejor y lo peor en un solo ser, ha sido el ancla del galés en el Madrid, donde sólo las lesiones han frenado su tremendo potencial. En su descargo hay dos atenuantes: cuando está bien no se le atisba techo y cuando pasa por la enfermería suele volver con tino. Por eso este sábado, contra el Alavés, encara una situación de sobra conocida.

Cada vez que ha caído ha generado alarma, que es lo que pasa cuando una pieza de categoría toca el suelo, pero las reparaciones le han permitido frecuentemente lucir con eficacia de regreso a la exposición: ha hecho cuatro goles y cuatro asistencias entre los 12 partidos en los que ha vuelto de una lesión que le hubiese apartado más de un encuentro.

Participó en ocho goles en 12 encuentros

En la 2013-2014, después de su primer percance, jugó 61 minutos en la visita al Villarreal (2-2) y vio puerta; tras el segundo, ni marcó ni asistió en 45 minutos ante el Atleti en el Bernabéu (0-1); después del tercero dio una asistencia ante el Málaga (2-0). En la 2014-2015 vio puerta en sus 84 minutos en el 5-1 del Madrid al Rayo y dio un pase de gol en 24 minutos para la victoria blanca en el Sánchez-Pizjuán (2-3). En la 2015-2016 no marcó ni asistió en 24 minutos en el 1-1 en el Calderón, asistió en los 90 minutos en la derrota (3-2) con el Sevilla y repitió pase decisivo en sus 25 minutos en el 7-1 que sufrió el Celta.

En la 2016-2017 metió en sus 19 minutos en el 2-0 del Madrid al Espanyol, transitó sin gol ni asistencia por los 39 minutos del 2-3 del Barcelona en el Bernabéu en el que volvió a lesionarse y repitió ausencia de influencia de cara a portería en sus 13 minutos en la final de la Champions de Cardiff. Por último, en la 2017-2018 aprovechó sus nueve minutos para definir a tiempo y salvar al Madrid de la prórroga con el Al Jazira en el Mundial de Clubes.