Es pronto para saber si Mestalla inspira a Coutinho, pero lo que es innegable es que hubo un flechazo. Sólo cuatro minutos después de salir al campo en Valencia el pasado 8 de febrero sustituyendo a André Gomes, el brasileño hizo su primer gol como jugador del Barcelona. Un tanto precioso, además, empalando de volea un centro de Luis Suárez. Dedicado a su mujer Ainee y a su hija María, con las que había viajado pocos días antes en un avión privado Liverpool-Barcelona para cumplir, al fin, su sueño: jugar de azulgrana.

Coutinho, que ese día marcó desde una posición de interior derecho que ocupó provisionalmente en el Barça para no invadir el espacio de Iniesta, llega ya asentado como una de las grandes estrellas del club. Su precio fue elevadísimo (cercano a los 160 millones), pero su rendimiento está respondiendo a las expectativas. La temporada pasada marcó 10 goles y dio seis asistencias en apenas 22 partidos (18 de Liga y cuatro de Copa). En la final de Wanda contra el Sevilla estuvo brillantísimo. Messi premió su esfuerzo cediéndole el lanzamiento de penalti del 5-0. Este curso ya lleva tres goles y ha dado tres pases de gol en diez partidos.

Nadie duda del rendimiento de Coutinho y de su condición de titularísimo para Valverde. Sí se discute, en cambio, su posición. El brasileño, también polivalente en la Brasil de Tite, empezó el curso como interior, posición que también ocupó con Brasil en el Mundial. Sin embargo, verlo jugar como falso extremo en Wembley permite caer en la tentación de considerar que en esa posición rinde más. Tiene menos obligaciones defensivas, está más cerca del gol, con el que se relaciona bien, y sus pérdidas de balón, peligrosas en el medio por su querencia a un juego de asociación directa más que de creación, tienen menos relevancia. En principio, en Mestalla podría repetir en esa posición de extremo.

A sus 26 años, es curioso el caso de Coutinho, que pese a tener unos números espectaculares, ha tenido que entrar de puntillas en el Barça con Iniesta y en Brasil con Neymar. Sin molestar y haciéndose valer gracias a su fúrbol, que es mucho. Eso sí, los entrenadores conocen su valor. Tite ha confesado en alguna ocasión que le ha dicho en repetidas veces: “Quiero que te sientas cómodo y libre”. Valverde también conoce cuántas cosas le da un futbolista que no tiene todavía el reconocimiento abrumador de la crítica por su perfil discreto. Pero que empieza a pesar, y mucho, en el Barça.