El Valencia sigue sin ganar en su casa, el Barça cedió el liderato, pero el empate (1-1) en Mestalla pareció dejar satisfecho a ambos equipos, que después de la paliza que se pegaron entre semana en Old Trafford y Wembley, respectivamente en la Champions acabaron exhaustos. Ambos equipos pueden defender que hicieron méritos para llevarse los tres puntos, pero también ambos conjuntos saben que tuvieron fallos que les podía haber costado una derrota.

Que no se puede salir dormido en en el campo del Valencia es asignatura de primero de Mestalla, y más si el día antes el Madrid ha pinchado. Una asignatura que el Barça suspendió clamorosamente. Sin haber controlado un balón, los blaugrana cedieron un córner en el primer ataque del Valencia que propició un fallo en cadena de la defensa blaugrana (primero Vermaelen, que entró en el equipo en lugar de Lenglet, y luego Piqué) y que permitió a Garay empujar al fondo de la red el primer gol desde la misma línea.

El gol encendió a la grada, animó al Valencia y dejó al Barça en estado comatoso, si eso era posible de empeorar. Tuvo en ese inicio de partido el equipo de Marcelino una ocasión pintiparada para dejar el partido listo para sentencia. La defensa blaugrana vivía en estado de drama y Ter Stegen tuvo que multiplicarse para evitar que la brecha fuera a más con dos disparos de Batshuayi. No obstante, el Valencia no supo sacar rédito de esos minutos en los que atropelló al Barcelona y que se acabaron cuando Guedes tuvo que pedir el cambio por lesión y fue sustituido por Cheryshev.

A partir de ahí, superada la tormenta, el Barcelona empezó a rehacerse. Adelantó la línea de presión, encerró al Valencia en su área y tuvo más contacto con la pelota. Pero Neto no se sentía amenazado. El Valencia es un equipo acostumbrado a defenderse y, en principio, lo que más le costaba en este inicio de Liga era marcar y lo había logrado a los 82 segundos de partido. A pesar del desperece del Barcelona, la situación parecía controlada para los locales.

Pero uno nunca puede relajarse cuando juega ante un equipo que tiene a Messi en frente. Eso es de primero de Leo. Y el argentino, que había participado poco en el primer tramo de partido apareció por sorpresa para hacerle un caño a Kondogbia, asociarse con Suárez y colocar un latigazo a la base del poste de Neto. A partir de ahí, el argentino fue la principal pesadilla para el Valencia.

El Barça había superado la primera oleada del Valencia, que veía como el excelente inicio de encuentro se le había complicado. El Barça, por su parte tampoco supo interpretar el desencanto del Valencia y no le dio la puntilla al equipo local, que incluso tuvo una nueva ocasión por parte de Gayà antes del descanso.

En el segundo tiempo, el Barça salió más reconocible ante la anuencia del Valencia que le cedió la iniciativa de salida para buscar las contras fruto de los errores del Barcelona. Los guiones de ambas escuadras eran absolutamente opuestos. Al Valencia le bastaba con dos toques para rondar a Ter Stegen, el Barça, por contra necesitaba masticar mucho la jugada, con el consiguiente riesgo de perder la pelota ante un Valencia mucho más entero físicamente.

Metió Marcelino para jugar los últimos 25 minutos a Rodrigo, aumentando el octanaje de su equipo y ante el peligro que representaba el internacional español, el Barça supo que no le quedaba otra que ponerse en serio a controlar el partido a partir del control y se hizo con la pelota, pero sin fuerzas. Al Valencia, tampoco le quedaba resuello para ir a por la contra. El empate ya se firmaba por ambos lados.