La última vez que el Madrid acumuló cuatro derrotas en sus primeros once partidos de temporada, como está sucediendo este curso, la cosa no acabó bien para el club ni en lo deportivo, ni en lo institucional. El equipo blanco empezó la Liga con Luxemburgo en el banquillo y la acabó con Juan Ramón López Caro, que se hizo cargo dejando de lado el entonces llamado Real Madrid B. Acabó segundo la Liga, a 12 puntos del campeón Barcelona, y en Champions no pasó de octavos, donde cayó ante el Arsenal de Cesc y Henry.

El Madrid de Lopetegui aún está a tiempo de encauzar su paso, más todavía después del nuevo tropiezo del Barcelona en Mestalla, pero un arranque así puede derivar también en un shock en los despachos. Así fue en febrero de 2006, cuando Florentino dejó la presidencia del club por sorpresa ante la mala marcha del equipo, que ya llevaba dos temporadas en blanco e iba camino de la tercera.

No culpo a los jugadores, yo soy el único responsable. Algunos jugadores están confundidos y yo he participado en su confusión. Los he maleducado. La mejor manera de que lo entiendan es que otros hagan lo que yo no he sido capaz. No me han gustado muchas de las actuaciones de los últimos días y debo echarme la culpa a mi mismo”, explicó a la hora de anunciar su renuncia.

No logró Florentino el efecto deseado: el Madrid naufragó otra vez y tuvo otros dos presidentes ese curso. Primero Fernando Martín, que apenas duró en el cargo, y luego Luis Gómez Montejano, que condujo al club a las elecciones de las que saldría Ramón Calderón como nuevo presidente.