En otras condiciones, Lopetegui y Valverde podrían haber llegado a este lunes de parón el ultimátum encima de la mesa de sus respectivos presidentes. Los números de Madrid y Barça son tan pobres en este arranque de curso que en cualquiera de las temporadas de la última década podrían haber quedado ya bastante mal colocados en sus aspiraciones para luchar por el título de Liga. Normalmente, funcionan como vasos comunicantes y cuando a uno le va bien, al otro le suele ir peor. Sin embargo, la coincidencia les une y les salva en esta ocasión: la irregularidad de ambos equipos ha permitido que las crisis en el Bernabéu y el Camp Nou sean bastantes más llevaderas. No es lo mismo ver al máximo rival en lo más alto de la clasificación que echar un ojo a la tabla y ver ahí arriba al Sevilla.

El Madrid sólo había empezado tan mal (14 puntos) en una ocasión en los últimos diez años (en la temporada 2012-13), y en aquel campeonato acabó cuarto. Sus inicios nunca son para tirar cohetes, ya que nunca ha hecho el pleno de los 24 puntos desde que las victorias valen 3. Como mucho ha llegado a 20, lo que supone ceder dos empates en ocho encuentros. Esta vez, el Madrid arrastra una racha histórica sin gol (6 horas y 49 minutos) y suma a sus achaques en España su sorprendente derrota en la Champions (1-0 ante el CSKA de Moscú). Y, ni aun así, se habla a estas alturas de posibles sustitutos para suplir a Lopetegui en el hipotético caso de que las cosas sigan sin funcionar. No es lo habitual.

Lopetegui ya tiene una cornada por parte del club con pronóstico reservado, pero sigue contando con el beneplácito de una parte de la directiva porque el Madrid únicamente está a dos puntos del líder (Sevilla) y a uno del Atlético y el Barça, que son sus principales adversarios para ser campeón en mayo. Además, la afición aún ni le ha mostrado su enfado en el Bernabéu, quizás condicionada también porque los grandes chascos han sido fuera de casa y porque el fichaje del técnico le convirtió en un héroe por las circunstancias. La Supercopa de Europa perdida ante el Atleti y los cuatro resbalones en Liga (Athletic, Sevilla, Atlético y Alavés) han escocido menos gracias al mal arranque de los de Simeone en el campeonato (5 puntos de los primeros 12) y, sobre todo, por los cuatro partidos consecutivos que lleva el Barça sin ganar en lo que va de Liga (Girona, Leganés, Athletic y Valencia).

En Barcelona sucede más de lo mismo. La situación es algo mejor porque en verano el Barça rascó la Supercopa de España y debido a que ahora mismo está un punto mejor. Aun así, ya ha perdido diez puntos en Liga y, sorprendentemente, las portadas de los medios catalanes posteriores al empate ante el Valencia presumen de Messi, ven el empate de Mestalla como una bendición y la autocrítica se suaviza animada por la crisis blanca. Con el Madrid por delante o bastante alejado, los errores de Piqué (nueve claves en Liga, cinco consecutivos), el poco peso de los fichajes (sólo cuentan Lenglet y Arthur), la tensión con Vidal, el mal momento de Suárez, el Caso Malcom y la desconexión de Dembélé no estarían seguramente en un segundo plano. El gran partido del Barça en Londres ha ayudado a Valverde a recuperar el aliento, pero lo que más le ha empujado han sido las intermitencias del Madrid.

El Clásico del próximo 28 de octubre en el Camp Nou podría deshacer este curioso equilibrio y la ayuda que los dos grandes se están dispensando. El Madrid tiene que jugar en casa ante Levante y Viktoria Plzen antes de esa visita a Barcelona. El Barça, por su parte, recibe al Sevilla y al Inter. Se espera que Lopetegui y Valverde se estrechen las manos ese día en caso de llegar ambos a la cita, pero tampoco se descarta que se den un sentido abrazo. Ambos se deben demasiado.