El Barça conquistó tres puntos agónicos en Vallecas (2-3) que reafirman su liderato ante un Rayo ejemplar, que durante tres cuartas partes del partido se impuso en todos los terrenos a un equipo irreconocible por su indolencia y que rozó el bochorno en muchos momentos. Una reacción milagrosa con Piqué de delantero centro interviniendo en el gol del empate de Dembélé en el 87’ y de Suárez en el 90’, que ya lidera el Pichichi con 9 goles, le dio al Barça tres puntos que le tocaron en la tómbola.

El milagro del Barça es una condena a la mala suerte del Rayo. El conjunto de Michel hizo méritos para conseguir un resultado histórico ante un equipo desesperante que, como pasó en Leganés empezó ganando, se pudo a dormir y si no acabó arrasado es porque la alegría dura muy poco en la casa del pobre.

Con el recuerdo del patinazo de Leganés, Valverde apostó por alinear en Vallecas al mismo equipo que goleó hace una semana al Real Madrid y la cosa pareció funcionar, pero la autocomplacencia volvió a traicionar a los culés. Como en Butarque.

La salida del Barcelona fue sólida, controlando el juego en todo momento, con posesiones largas y con una muy buena presión tras pérdida. Si a esa buena disposición le añadimos que Suárez abrió el marcador al minuto 11 tras una nueva internada de Alba calcada a la del primer gol contra el Madrid, parecía que el Barcelona iba a sacar con facilidad el partido adelante.

Nada más lejos de la realidad, cuando el Barça lo tenía todo a favor, los de Valverde volvieron a dormirse y el Rayo, que otra cosa no tendrá, pero fe le sobra, empezó a creérselo. Pozo a punto estuvo de conseguir el empate a la media hora de juego tras un veloz contragolpe, pero su disparo se fue fuera por poco. Cinco minutos después, una mala salida de balón de Ter Stegen provocó que el balón le volviera a llegar a Pozo que disparó un chut con rosca muy ajustado al palo del portero que se convirtió en el empate. El Barça repetía todos los pecados de Leganés y Vallecas lo celebraba.

Miró de reaccionar el Barça de la mano de Suárez, el único jugador que creaba algo de peligro. De la nada el uruguayo se sacó un disparo que se estrelló ante la madera de Alberto, pero el Rayo no se asustó y acabó la primera parte en el campo del Barcelona.

En el Barça se imponían cambios para cambiar la deriva del partido y en el descanso el técnico blaugrana puso a calentar a Dembélé. El Rayo, dependía de su fe y de sus pulmones para mantener el tipo. El extremo francés entró en el puesto de un Rafinha desesperante con el misterio que provocan sus entradas en el campo. Estaba por ver si desequilibraba el partido a favor de los blaugrana o convertía el duelo en un correcalles sin sentido.

Fue lo segundo. Con el partido roto, Piqué despejó mal un balón que el Rayo volvió a centrar al área, donde De Tomás le ganó la acción de nuevo a Piqué, su cabezazo fue al palo y el rechace lo empujó Álvaro a la red. El drama de Leganés se repetía con el agravante del aviso.

El partido se puso más cerca del 3-1 que del empate y Valverde dio entrada en el campo a Vidal y Munir por Coutinho, una verdadera calamidad, y Arthur.

Llegó el Barça a los cinco minutos finales sin haber lanzado un miserable aviso a Alberto, pero en una reacción desesperada con Piqué de segundo delantero centro llegó el milagro. Gerard descolgó en el 87’ un balón que Dembélé empaló a la red y cuando el empate parecía ya un premio excesivo, Roberto centró al área, Piqué fijó a Advíncula y Suárez cazó el gol del triunfo.