Rayo Vallecano

El rayo fue Griezmann

By 16 febrero, 2019 No Comments

Celebró Simeone su renovación con un autohomenaje en Vallecas. Necesitaba ganar el Atleti y ganó, para olvidar las dos últimas derrotas seguidas que tiraban de las botas hacia abajo en la Liga, sin que faltara ninguno de sus ingredientes. El qué, no el cómo. Horrible en el fútbol, letal en el error y los dos actores de siempre: Oblak y Griezmann. Y eso que ayer La Bestia regresó de las sombras y está lista. Le tocaría banquillo mientras su equipo se disponía a superar un trago: ese que siempre le cuesta al Cholo cuando se topa con defensas de tres centrales, cinco hombres primero, cuatro después, un desgaste. El Atleti mandaba, o más bien quería, ante un Rayo bien colocado que no se descomponía.

Pasaba la nada en Vallecas mientras los dos equipos jugaban sin porterías. La de Dimitrievski la había saludado el Atleti de lejos, un cabezazo de Saúl, otro de Morata y ya, por contar algo. A la de Oblak no se acercó el Rayo hasta el minuto 25, cuando Embarba se escapó en solitario para comprobar que Oblak estaba, que no era un holograma. Buena parada. Sin que Griezmann asomara por Vallecas, su equipo al trantrán, lento, lentísimo, y con un aire de echarse a llorar. “El horror, el horror” de Kurtz vestido de azul. Horroroso Correa, horroroso Vitolo, horroroso Filipe. Sin intensidad, sin desmarques, alguna jugada que llevarse a la boca. El mejor del Atleti era Mario Suárez, pero hace ya años que se fue, y ayer no era del Cholo, ayer una franja le cruzaba el pecho mientras se iba agigantando en la hierba. El Rayo fue tomando la pelota y los metros de hierba, aunque sin profundidad. Hasta que apareció Saúl, también horroroso.

En el centro, con Rodrigo, poco mejor que los demás, para demostrar que su sitio no es ese, que ahí pierde balones que pueden comprometer. Como éste. Hizo saltar la alarma en las redes de Oblak. De nuevo el portero se vio obligado a ocupar la foto. Para desbaratar la ocasión de Embarba después de jugada de Raúl de Tomás, con reverso y pase milimétrico, que arrancó el aplauso en Vallecas. Como las carreras de Álex Moreno por la banda.

El Atlético, empeñado en ir por el centro, partido, se estampaba una y otra vez contra las dos murallas de Míchel. Congestionado, congestionadísimo, sólo regresaría por la Zona Dimitrievski una vez más y a balón parado. Pero el centro de Filipe pasó ante la bota de Godín y la bota de Morata sin que ninguno rematara. Como si cada uno esperara que lo fuera el otro, cuando el Atleti del Cholo nunca fue equipo de pedir permiso sino de hacer sin preguntar.

Pareció espabilar, algo, en la segunda parte, ante un Rayo que seguía ganando a los puntos. Míchel de una tacada quiso darle al partido un gancho de izquierdas, con la entrada de Pozo y Bebé a la vez, para dar frescura y velocidad a sus bandas, para ir a por el partido. Simeone contestó con toda su pólvora, la entrada de Lemar y un ataque con Morata, Costa y Griezmann, en la izquierda. Que en el minuto 59 regresó La Bestia. Es Costa, está de vuelta, y todo puede pasar. Él lo logra. Él lo consigue. Aunque haya estado dos meses fuera o tenga barriguilla. Que con Costa nunca se sabe qué puede pasar. Con Oblak sí. Y menos mal. Porque a su puerta no dejaba de llamar Raúl de Tomás. Pero una vez se precipitó, otra paradón de Oblak y la tercera terminó con Giménez arreándole un empujón que se pudo castigar con penalti. Dos jugadas después, apareció Griezmann. Para hacer del partido otro de tantos del Cholo.

Cuando peor, mejor. Porque Costa ha vuelto y Griezmann ya no está solo. Porque Costa se lleva los focos y Griezmann se puede colar por donde no vigilan los defensas. O Morata.

Marcó el francés, para remachar una pugna de Morata, que pudo partir fuera de juego posicional, ante la defensa del Rayo, toda horrorosa. Gol. Es lo que pasa cuando juntas en tu área a tres delanteros así. Que pasan cosas, aunque sean de rebote. Morata, Costa y Griezmann se abrazaban ante un Vallecas derrumbado ante el cholismo, que no mereció perder. Con media ocasión sobra y basta. Y porque atrás no tiene un portero, tiene un santo, y sujetó el marcador, el resultado y la victoria ante Abdoulaye. Simeone se escabullía rápido en el túnel, con esas dos últimas fotos en la retina, con dos fotos enviadas con sello urgente a Turín.