«No necesito un hueco en la Gabarra, sino que la saquen»

La primera plantilla al completo le ha arropado con un pasillo de honor en el césped de San Mamés, en el que Aritz Aduriz, que saltó al verde con camisa blanca y pantalones vaqueros ajustados, acompañado con su mujer y sus dos hijas, una se resistía, se dirigió a todos sentados en un taburete desde el punto de penalti, desde donde era casi infalible y los lanzó de todas las posturas posibles.

Nadie quería perdérselo y Aduriz quería que fuese presencial para los periodistas, con las medidas de seguridad pertinentes. El marco de San Mamés era incomparable, ahí selló su último gol en activo con el Athletic: «La hostia..», comentó conteniendo la compostura, con la voz entrecortada, tras ver los vídeos emitidos por el club con 20 de sus mejores goles. Bebió agua de un botellín azul del club para contener la emoción. Suponía repasar toda una vida en un capítulo de agradecimientos a todos los que han confiado en él en esta dilatada carrera. «He sido un poco tocapelotas», reconoce y pode perdón a aquellos compañeros que haya podidos ser «duro con laguna palabra o algún gesto, la manera de ser te hace pasar malos momentos y lo pagas con el de al lado». Y matiza: «No hay que rendirse nunca», recetando «perseverancia y constancia».

El presidente y sus compañeros estaban sentados justo enfrente en sillas separadas. «Caguen sos», añadió, acordándose de sus padres y de su abuela y nombrando a todos sus equipos desde que saliera de los torneos de niños de la playa de La Concha donostiarra, pasado por Sporting de Herrera, Antiguoko, Aurrera, Burgos, Valladolid, Mallorca, Valencia y por su puesto de su Athletic: «Soy un privilegiado», remarcó con el micrófono de corbata y el eco de La Catedral. «Es imposible imaginarse estar sentado en San Mamés haciendo una rueda de prensa, en la situación además en la que nos ha tocado, y mirando para atrás… Me gustaba el balón, lo que más, cómo me iba a imaginar que iba a jugar siquiera un partido con la camiseta del Athletic», señala a sus 39 años en esas primeras patas en la playa de Ondarreta: «He disfrutado mucho, es lo que me ha llevado hasta aquí». Sin público, pero es «mucho más de lo que merezco, he disfrutado una barbaridad aquí, con muchos homenajes, todos los domingos. es una cuadrilla diferente al resto del mundo».

La decisión de colgar las botas no ha sido fácil, aunque lo barruntaba: «Esa pelea la llevaba luchando durante mucho tiempo, podía soportarla, más o menos, pero últimamente mucho menos que más, podía ayudar al equipo. Pero después del confinamiento ha sido todalmente definitivo». Apunta que «no ha sido una pelea equilibrada, el cuerpo tiene un límite para todos, para un profesional mucho más y la cadera ha desequilibrado esa pelea». El sitio en la Gabarra, en caso de ganar la Copa, no le da demasiada importancia: «No necesito ese hueco, solo necesito que la saquen, ya habrá tiempo que celebrar donde sea. Lo importante que todo el aficionado pueda disfrutar de eso, como yo, que será un aficionado más a partir de ahora». Advierte que «no hubiese podido estar» aunque la final de Copa se hubiese celebrado este verano.

Las puertas se le abrieron al salir dos veces, obligado por las circunstancias, y conocer «otra gente en oportunidades preciosas, que a la postre han sido oportunidades increibles, esas desgracias han sido para bien». Su abuelo decía que «no se puede mirar hacia atrás, porque los ojos los tenemos delante». Su mejor gol ya «no está por llegar», por lo que se queda con «el último» ante el Barça de chilena ya que significó «mucho por el momento en el que fue» y con sus hijas ya creciendo (ahí casi se rompe al desvelar ese detalle) en la grada. Se queda además con la Supercopa, «que la hemos ido valorando más con el tiempo» por noquear también al Barça de Messi.

Su físico es brutal, una maquinaria casi perfecta, aunque quiso quitar algún mito de enmedio: «No sé si me he cuidado tanto, tendré que dar gracias a mis aitas por la genética que me han dado, pero me lo he pasado bien, se reduce a eso», insiste en que «vivir y hacer lo que más me gusta, es muy simple y me reduzco a esta simpleza». Le gustaría ser recordado «con alguien con el que ha hecho todo lo que ha podido, hacer lo mejor que supo, sobre todo por vestir esta camiseta del Athletic», subraya.

Y ahora qué. Sobre sus planes no desvela demasiado, vivir, que no es poco: «Es difícil hoy en día y en las circusntancias que nos están tocado, hacer planes de futuro. Tengo ganas e inquietudes con la siguiente etapa, con recuperar tiempo perdido e intentar ser aita y ser marido un poquito más». Se va a operar cuanto antes de la cadera, probablemente en dos sábados, para intentar estar «lo antes posible en Lezama y me gustaría acompañar al equipo hasta el final de temporada, estar lo más cerca posible para ayudar».

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