San Mamés frena al Madrid

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El primer frenazo de Bale y Benzema le costó dos puntos al Madrid. A ambos les pudo San Mamés, un campo que exige más pana que seda. Y tardó en entrar Isco, que dirigió la trama en la segunda mitad. El Athletic fue un equipo valeroso y fornido hasta que se le acabó el combustible. Y se defendió bien al final con los veteranos que se había ahorrado Berizzo en los inicios de temporada.

Camino de los noventa años de Liga no acaba el Madrid de cobijarse en San Mamés, independientemente de si le pilla al Athletic el trance subiendo o bajando. Porque la propuesta rojiblanca es siempre la de guerrear y tampoco el Madrid de Lopetegui estuvo en esas.

Berizzo propuso un partido con pimienta: doble 4-1 de salida, con acometidas en la primera presión sobre el Madrid, persecuciones individuales esporádicas y selectivas, muy bielsistas, y Williams desafiando en velocidad a los centrales. Mucho sudor para tan poco gol, debe pensar el ariete.

Al Madrid le superó esa emotividad tan propia de ese estadio, más tras viajar sin escolta. Porque Lopetegui prescindió de salida de Casemiro, jugador que no conviene archivar en campos como este.

Modric no despega

Con todo, a los dos minutos, Modric no acertó en una ocasión manifesta, a pase de Asensio. Y el propio extremo balear, la mejor refrigeración ofensiva del Madrid, obligó a Unai Simón a un paradón a mano cambiada. Pero el equipo blanco se vio siempre sometido al estrés de pagar por sus pérdidas. Su dominio teatral no le llevó lejos y, además, se dejó abierto el costado de Marcelo. Por ahí se infiltró De Marcos para preparar el 1-0. Williams y Muniain tocaron la pelota antes de que acabara en la red. Un gol que aturdió al Madrid, con Ceballos tan poco entonado como Kroos y Modric, al que la vuelta al cole le ha cogido colgándose medallas y mirándose el sueldo. No fue capaz de cambiarle el paso al equipo ante la salida rabiosa del Athletic, con Raúl García, Susaeta y Muniain en una especie de efecto avispero, inquietante y molesto.

Aquello duró lo que las fuerzas del Athletic, al que le quebró la paliza del primer tiempo. También la lesión de Muniain. Cada cambio del Madrid fue quitándole travesuras y dándole problemas. Casemiro le cerró la salida, Isco le cambió el metabolismo al partido. Bale alzó la mano desde la derecha. Desde ahí sirvió el empate a Isco, que cabeceó sobre la marcha y sin vigilancia. Antes ya le había negado Unai Simón el empate a Ramos. Y después, a Asensio, previo control magnífico del balear. Ahí el Athletic está fabricando un gran portero. El vaivén final, de dos equipo sin vuelta, fue una verbena de ocasiones. Lopetegui quiso aprovechar el torbellino con Lucas Vázquez. Berizzo quiso pararlo quitando a Williams para llenar el campo de obstáculos a cambio del repliegue. Mariano lo vio desde el banquillo. Salir de ahí le va a costar un mundo. Y explicárselo al aficionado, aún más.